Cuesta tu ausencia. Se hace tarde, muy tarde nuestro domingo.
Tu olor impregnado deambula. Tu ropa esparcida y la penumbra del cuarto vacío de ti.
Las tazas son testigos de la merienda inacabada, acribillada por la tarde censurada del reloj.
Mi cuerpo se divide entre pensamientos y cansancio de desvelo.
Tu recuerdo ya es motivo de calendario quincenal.
Y los veinte kilometros mirando tu asiento por el retrovisor, de cristal bajo y frío en mi rostro, me devuelven una vez mas, al lunes que me sambullo, noctámbulo y desapacible, eterno y embriagante.
Siento tus caricias rozar mi piel y tu voz apareciendo confusa entre la música.
Se que está nuestra estrella alli, mirándome escribir, pensándote dormir.
Me amanezco y te repienso una vez mas, tu foto, tu delfín, tu abrigo, tu sonrisa.
Sabremos algun día que hacer con el dolor?
Sabrás que siempre estoy, que nunca me fui, que solo hay un plis entre tu corazon y el mio?
La luz del pino navideño se apaga y se enciende como mi corazón.
Tu cartita a sus pies con tus deseos, y los míos flotando en cada renglón.
Tus ojos cerraran los mios, esta noche noche, una vez mas.
C.
lunes, diciembre 18, 2006
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