lunes, febrero 11, 2008

Miami (Two)




Desconocía completamente muchas cosas. Anduvo y anduvo de aquí para allá buscando. Tratando de encontrar respuestas a tantos interrogantes.
Se detuvo después de la larga mañana y comprendió que su cuerpo le reclamaba una pausa. En esos momentos, la vida se había transformado en su valor más preciado. Por ello, se repitió una vez más esa pregunta, la misma que desde años le acompaña, imperativa y contradictoria, mientras daba la penúltima calada antes de arrojar, como es su costumbre: dedo índice y pulgar derecho impulsan el cigarrillo a un inifinito pero cercano lugar. Su mirada acompañó al tabaco haciendo malabares, mientras dos intensos y cotidianos ruidos, el de un avión y el metro aéreo de Miami, le supusieron una forma de quebrar la pausa y salir hacia alguna parte. Entonces fue cuando Jack se cruzó entre la línea indefinida trazada desde donde había perdido su mirada y sus ojos.
Una silla de ruedas con algo menos de grasa en sus ruedas que lo frecuente, acompasaba el lento movimiento del veterano. Jack había combatido en Vietnam y una gorra negra, con orgullosas letras amarillas describían su pasado próximo de aquella convulsionada década de los '70.
Sus manos enfundadas en guantes sin dedos, le daban un aspecto deportivo, aunque ciertamente, cualquier otra parte de su humanidad estaba muy lejos de aparentarlo.
Me bastó un gesto de su cabeza y su mano izquierda para comprender su reclamo. Mientras hurgaba en mi camisa y en el paquete para sacar un cigarrillo, Jack me observaba como quien contempla un paisaje. Sabía que no era americano, por eso se valió quizá del mismo recurso que pudo haber utilizado aquel primer día que pisó Vietnam.
En otro ademán y un "ligth" apenas susurrado, me pidió fuego. Y como si de un eco se tratara, le traduje su pregunta a su idioma. Jack esbozó una sonrisa y deslizó un "yes" prolongado, así como la primera calada y el siguiente silencio entre nosotros.
Con un movimiento suave de su mano derecha, giró unos centímetros hasta posicionar la silla, como la prolongación de ese banco de plaza donde yo estaba sentado.
El paisaje de nuestro entorno no era maravilloso, seguramente, pero ambos coincidimos en perdernos en las gigantescas nubes que oscurecían la tarde.
Apenas algunas gotas aisladas, anunciaban que aquel encuentro, al igual que los cinco días anteriores, no duraría mucho tiempo.
Jack y yo, salíamos a respirar el aire que traía la brisa fresca de los Cayos.
"Habrás matado mucha gente, Jack, en nombre de la libertad?" retumbó en mis pensamientos.
"Eso es lo que aún no he podido contestarme", me respondió con un suave movimiento de su mejilla.
"Y porqué estás aquí, Jack", me y le pregunte.
La respuesta no fue inmediata. La lluvia estaba por serlo. El cigarrillo tocaba prácticamente el filtro, y tanto Jack como yo, sabíamos que ese era el perfecto reloj y a su vez el hilo que nos unía a aquel banco de cemento por las tardes.
Nuestras miradas no se había vuelto a cruzar. Jack guardaba silencio a mi única pregunta.

Presentí que el trueno sentenció el final de su tarde fuera del Hospital y nuestro encuentro.
Como quien se prepara para un largo viaje,, acomodó su cuerpo entumecido, mientras la colilla casi quemaba sus labios. Movió la silla con destreza y como quien desenfunda un arma automática, sus ojos azules se clavaron en los míos.
Me dijo que tenía una bala, una bala muy grande e invisible. Que ningún médico, cirujano y tratamiento habían podido quitarle. Que no la encuentran porque él no había querido que se viera. Una bala llamada DOLOR, que se había incrustado en su alma hace mas de treinta años y que definitivamente le hizo comprender que: la condición humana está mucho más allá del bien y del mal. Jack tiene que fumarse cada cigarrillo fuera del Hospital de Veteranos de Miami, uno por la mañana, dos o tres por la tarde, dependiendo de la compañía o las ganas, porque fumar es perjudicial para la salud.
"Matar también", me dijo Jack cuando se marchaba lentamente hacia la rampa de acceso.


c.4 y.

El BINGO del 9-M




Se abre el BINGO del 9-M.
ZP ofrece el cartón rosa de 500€, el AVE a Barcelona y la Memoria Histórica, entre otras cosas.
Rajoy tiene cartones azules (no verdes) y su última oferta ha sido la de plantar unos 500 millones de árboles en toda la península durante los próximos 4 años.
Todo esto a cambio de si tú y el españolito de a pie, le ofrecen el voto.
Pero no puedo dejar de pensar en la oferta del Sr. Rajoy. El medio ambiente es uno de mis temas.
Oferta tentadora en años de devastación y cambio climático.
Será que Don Rajoy se ha sentado a comer una paella con su primo, el que tanto sabe de cambio climático? me pregunté casi de inmediato.
Veamos que tal se me dan las matemáticas.
Para llegar a los 500 millones, deberían plantarse 125.000.000 de árboles al año.
O en otros números 342.465 al día.
Es decir, la friolera de 14.270 árboles a la hora!!!!!
Ni la natauraleza misma ha podido emparejar semejante "natural" oferta!

No hay dudas que la desertización avanza y es un tema de gran preocupación y seriedad.
Aunque haya promesas de crear una especie de Las Vegas en el desierto de los Monegros!!
Pero este alarde, esta bravuconada ecológica, ha tenido en cuenta:

Con que agua abasteceríamos el riego de esa transformación medioambiental?
Que planificación, logistica, entre otras cosas, hay para soportar semejante proceso?

Hace escasos días se aprobó el trasvase de agua por barcos a la ciudad de Barcelona, fruto de la trepidante sequía que asola por los pantanos y las reservas de agua.
O será que nos estarán prometiendo una especie de España=Las Vegas Monegras, el paraíso de los ricos y nadie ha comprendido el mensaje aún?

(Pregunta fuera de la noticia, pero relacionada al Bingo electoral: Ofrecerá Rajoy la Custodia Compartida? ZP ya la ofreció hace 4 años y como todos habemos podido comprobar en nuestras carnes, traicionó al electorado y mintió en su promesa.)

Quien da más?!!


c.

Arrieros somos




He garabateado varios comienzos de este texto, pero cuando escribo sobre emociones, no hay formas ni estéticas..

Ver a las niñas, a Rosa, a Javi en esta foto de la Concentración por la Custodia Compartida de ayer en Madrid significó mas que contemplar una noticia en el Diario El Mundo y el ADN.
Significó la esperanza, la alegría, la ilusión.
Allí están abriendo el camino, sumándose a una causa por la igualdad, la justicia y el futuro.
En ese mismo camino que un día cruzamos por las montañas de Tarragona, por las calles de Madrid, por el aeropuerto de Barcelona, por el infinito entramado de la condición humana y de la dignidad arremetida, el de la tristeza, el de la soledad, el de clamar alguna caricia al horizonte lejano y utópico del amor cuando pasan los 40.
"Dicen que la distancia no es el olvido", y verles ha sido un chute de energías, un soplo maravilloso de aire fresco, ver que lo han hecho posible!, me hace sentir maravillosamente feliz por ellas que, en definitiva, son por quienes vivís. Me llena de orgullo lo que han conseguido!
En pocas palabras: GRACIAS!

El próximo lunes otra sala de Juzgado verá pasar, una vez más, el vetusto, paleolítico y repetido flocklore de reivindicar los derechos de mi hija Mar. El derecho a tener mamá y papá en igualdad de condiciones, de la misma manera que lo describe la "progresista" y poco aplicada "Ley de Igualdad". Como ven y saben hay muchos caminos. Algunos mas cortos, otros mas largos y dolorosos (sobretodo para las peques), pero ¿quien puede decir que "todos los caminos no conducen a Roma"?.

Arrieros somos y en Roma nos encontraremos, como aquel día en Tarragona.

Custodia Compartida YA!

c.

miércoles, febrero 06, 2008

Miami (One)


Después de jugar con sus cartas solitariamente, miró hacia el suelo, como quien contempla un paisaje infinito. Acomodó su gorro de lana azul con su mano derecha, mientras que su izquierda, la del corazón tocado, tendida sobre la mesa, apenas si daba algunos reflejos de vida desafiando a la aguja del suero. Estaba sentado en su cama. Las piernas le colgaban como un columpio solitario a la espera de algun niño. No combino juego con la baraja y eso le provoco cierto disgusto, sus facciones se contrajeron tensas y como vencido en la partida, busco una posicion recostada. Tal vez no estaba preparado para otra derrota. Despues de un buen rato de inmovilismo casi fetal, tejio un puente infinito entre sus pensamientos (algun recuerdo?) y su presente hospitalario. Giró su cabeza lentamente buscando un tenue reflejo de luz del mediodía que se abría paso entre la cortinas floridas de color pastel. Otra vez busco con su mirada pausada otro estímulo, una televisión muda que pende como una teleraña desde el techo de su habitación. Nadie ha venido a verle en toda la mañana y su soledad se ha transformado con el paso de las horas, tal vez de los días o meses, en una compañera inseparable y dolorosa. Me ve observándole cuando se incorpora de la cama. Solo unos metros nos separan entre la pared que esta frente a la puerta de su habitación y el pasillo que recorre decenas o cientos de otras habitaciones del gigantesco Hospital de Veteranos de Miami. Su mano derecha impulsa su débil y abatido cuerpo y, cuando sus pies ya tocan tierra, vuelve a posicionar su gorra de lana azul cual si fuese aquel casco de combate y se desliza poco a poco entre las trincheras del material médico. Esta vez no hay balas, ni granadas. La muerte tiene otra forma y viaja a otra velocidad. Camina hacia la puerta lentamente, arrastrando cada paso, cada pie y todo el peso de su cuerpo estremecido y cansado. Estuve a un punto de mover mi cabeza, como señal de saludo. No lo hice y espere descubrir en sus ojos la inquietud que le generaba mi cuerpo sentado en el suelo del pasillo y mi mano escribiendo sin parar en mi cuaderno negro de notas. Bostezó con un sonido que pudo confundirse con el del alma en queja. Observó hacia los laterales y, entre el ir y venir de médicos y enfermeras, su mano izquierda se apoyó en el mástil desde donde pende el suero. La derecha busca en uno de sus bolsillos algún recuerdo, alguna anécdota, alguna presencia que le suponga familiar y le permita escapar aunque sea solo un instante hacia algún paraíso lejano. Alguien se acerca desde el lejano ascensor. Los dos giramos nuestras cabezas casi al unísono. Se vuelven a cruzar nuestras miradas fugazmente. La mía preguntándole y la suya diciéndome. Me rozó apenas con su ojo derecho y eso bastó para darme cuenta que aquella persona de paso cansino y seguro, había sido y es la mujer con quien aun vibra. Lo supe cuando sus labios dibujaron una escueta pero infinita sonrisa de satisfacción. Aquí acaba este pequeño relato de la 5ta. planta del Hospital de Veteranos de Miami. Tu estabas al costado de tu padre, los dos en silencio. El se quito la gorra, como quien hace un acto de respeto, le miro y suspiro un "hello". Una bella tarde está a punto de amanecer y se prolongará como su mano hasta la de ella, como sus labios hasta los labios de ese amor que aun respira y se respira, a pesar de que la muerte haya llamado a la puerta.

c. 4 y.