
Cuando somos pequeños, nos hablan de mamá, papá, de la familia, nos la enseñan en casa, en el colegio, en la iglesia, en el barrio, en la televisión. En casa de los vecinos, en la esquina, en los juegos.
Nos hablan de la familia, de como construirla, de como crearla, de como protegerla y mimarla.
Crecemos y creemos que nos han/hemos formado en esa materia, que hemos aprobado la asignatura y nos lanzamos a la vida provistos de casi TODO suponiendo que todo sera así, o al menos parecido.
La gente se nos cruza por el camino y todos vamos juntos hacia un lugar llamado desconcierto.
Crece el amor, los sueños y la ilusión cuando el corazón late enamorado, crece la pasión y los proyectos a largo plazo, el trabajo duro, crear cimientos y fortalecer esa relación.
Esa es la base de la familia, decia el ABC aprendido y mascado.
Los hijos son el colofón, la ventana abierta por donde un nuevo aire se lleva por delante los papeles del viejo guión, todo empieza a ser diferente y mágico a la vez y comienzas a escribir una nueva historia, tu propia historia y la de esa familia.
El amor se hace fuerte y se inmortaliza en cada biberon y pañal, cada noche sin dormir y el dolor de espaldas de los dos primeros años (de tanto estar agachados para enseñar andar a los peques).
Es innumerable las cosas que pueden llegar a ocurrirte en todos esos tiempos, pero nadie todavia, nadie, nos habló o informó de que hacer cuando el amor acaba, cuando el rechazo es la única sensación, que heavy!!
No nos formaron para la separación.
Y aunque tenga toda la pinta de muerte, de estar tocados o heridos, es un renacer, te prometo.
No nos dijeron que hacer con las malas caras, con las discusiones, con el desamor, con la traición y los cuernos.
Este mundo esta pendiendo de unos hilitos delgados que hace que la fantasía se mantenga viva, pero de tanto en tanto alguno de ellos se corta por infinitas razones y pareciese que quedamos cojos y desorientados.
Es asi, amiga, desorientados, sin saber que hacer cada instante, cada minuto.
Resistiendo a la mentira y a la hipocresía, resistiendo y purgando el dolor como mejor se pueda.
En un primer momento, te sientes arrastrado hacia la incertidumbre y la duda.
Hago esto o lo otro? Me voy o me quedo? Y si hago esto??
Luego viene la desazón, inevitable, necesaria. El amor no se acaba a base de esperanzas, se acaba porque ya no se cree en lo que has estado creyendo durante tantos años.
Se acaba porque has descubierto que el amor JAMÁS puede ser dolor, que es respeto y cariño.
Fue el amor, el gran amor por mi hija que hizo que demorara en dar ese paso necesario que era salir de aquella casa, de aquella mentira.
Pero un día llega, ese día llega porque es necesario, por amor, por verdadero amor a los que amas, tus hijos. Porque no piensas educarles en medio de esa sinrazón, porque prefieres evitarles el duro trago de saber de que color es la cruda realidad de los adultos (padres).
Ese día llega y el Volcán saca su lava fuera y se renueva, renace, y se mantiene vivo.
Mágica naturaleza, maravillosa vida.
Y aunque haya tenido que pagar un precio demasiado elevado e injusto por ello, hoy despues de 4 años te digo: VALE LA PENA DEJAR ATRAS AQUELLO QUE HACE DAÑO A TUS HIJOS Y A TI !
No hay empresa y dinero que valgan, porque ninguna de esas cosas te y les reparará el dolor que causa el desamor, es cuestión de ponerlo en la balanza y decidir equilibrarla.
No es magia, es lo que es, aunque cueste, no hay marcha atrás, no debe haberla si estás decidida a vivir con esa sensación única que tiene la libertad y la dignidad.
Si pudiste llegar hasta allí, a tocar fondo, seguramente podrás llegar a un sitio mejor, es cuestión de querer y de tener ganas. Doy fe que se puede.
Es sábado a la mañana y recién despertado leí tu correo.
No puedo disimular mi tristeza por lo que me escribes.
Con café de por medio y los olores de Mar aún flotando en la cocina, en la sala y en la habitación, después de 7 días juntos, me senté a escribirte como si charlaramos sentados en la verde terraza de tu casa. Decidí escribir/te ya y decirte que:
"Hay una Estrella en el cielo que amaga apagarse, pero su luz sigue viajando e iluminando".
c.